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Conozca el efecto girasol

De todo cuanto hemos amado, muchas veces sólo nos queda la nostalgia” .

In memoriam: Nohemí Martínez Berrocal, luchadora incansable, guerrera de la vida, batalladora del desarrollo sostenible y de nobles causas.

Algún poeta, bajo el mágico influjo que produce la belleza natural de la Perla del Sinú, escribió: “Montería es un jardín, atravesada por un rayo” , no recuerdo su nombre y tal vez la frase no sea exacta; pero, sino lo es, estoy seguro que connota.

Y eso es Montería, un jardín atravesado por el impetuoso Sinú, un rayo de agua de movimiento perenne, que irriga fecundidad, feracidad, fertilidad por su extenso valle. Es cierto que hemos perdido – por la absurda actitud depredadora del hombre – mucho de lo que la naturaleza nos regaló. Mi viejo me cuenta que esto era una sola ciénaga, humedales por doquier, los chavarríes, los pisingos, las garzas e infinidades de aves, invadían estos lares durante varias épocas del año. La gente no era rica ni tampoco había miseria, pues abundaba la riqueza íctica en el río, riachuelos, arroyos y en las ciénagas, que bañaban lo que era de todos, produciendo alimentos de manera generosa a toda la población. Pescado, pan coger, caza y pesca artesanal para la supervivencia y hasta deportiva, llegó a creerse que así sería siempre y no habría de qué preocuparse.

Pero con el paso de los años todo cambió. Llegó el hombre blanco, invasor disfrazado de colono, con sus leyes de ambición desmedida, con su afán de enriquecerse y de adueñarse de nuestro bien más preciado, la tierra; y, sus humedales, a los que desecó cambiando a su arbitrio el mapa hídrico, trayendo consigo el enriquecimiento incausado, la miseria, la persecución, el desplazamiento forzado, las hambrunas y la muerte. Las ciénagas desecadas ahora vinieron a ser potreros y hatos donde apastan ganados de “respetables señores”, las aves cuyas especies no fueron extinguidas migraron, los animales de monte desaparecieron y el hambre horada la dignidad de los sobrevivientes, esclavizados por un mísero jornal salobre y amargo, que, como migajas, le arrojan, luego de todo un día de sudor y sangre.

Por estos días, las redes sociales se invadieron de fotos de un cultivo de girasoles ubicado en la zona occidental de la ciudad, un espectáculo singular que nos maravilló a todos, que nos llenó de alegría y esperanza en medio de la dura circunstancia de la muerte de tantas personas, cercanas y lejanas, recibiendo en medio de la redacción de este texto, la noticia del deceso de la lideresa, Nohemí Martínez, víctima de la pandemia que afrontamos.

El campo de girasoles, tuvo el efecto de un oasis, en medio de la tristeza del alma y la estéril resequedad del valle camino al desierto. Hombres, mujeres y niños invadieron la plantación de esta hermosa flor y se tomaron fotos y selfies que luego publicaron con curiosos mensajes en las redes sociales.

Helianthus Annuus, es el nombre científico del Girasol, también conocida como Calom, Jáquima, Maravilla, Mirasol, Tlapolololte, Maíz de Teja, Acahual, cuyo simbolismo tiene que ver con su heliotropismo o búsqueda constante del sol. En términos espirituales, ese movimiento representa una búsqueda de la luz y una necesidad de absorber las buenas energías. Para los chinos, la flor simboliza la buena suerte, la salud y la felicidad.

El girasol se usa principalmente para la obtención de aceite alimenticio (para ensaladas y para cocinar), pero también como alimento para pájaros y como “snack”. Los genotipos utilizados para estos últimos propósitos están caracterizados por un mayor tamaño de semilla. También se lo puede utilizar para hacer silaje. (Fuente Wikipedia).

El hecho de que la gente se haya volcado a los girasoles, es una señal inequívoca de cuán necesitados estamos de más espacios naturales, de más jardines llenos de colores y fragancias, de más humedales donde puedan reposar las aves migratorias y se reproduzcan las especies ictiológicas, propias de esta zona. Estamos urgidos de lugares comunes donde se respire vida y se abrace tranquilidad, donde todos quepamos sin matarnos, donde todos podamos sonreír sin agotar nuestras fuerzas como Nohemí que inicia ahora su infatigable viaje en busca de la luz.

Montería y Córdoba podrían convertirse en ese gran jardín de Colombia, tenemos las condiciones naturales parar lograrlo y la inaplazable y urgente necesidad de hacerlo, ante, el cada día más catastrófico calentamiento global, el agotamiento y contaminación de las fuentes de agua y la forajida depredación de nuestra propia naturaleza. El tema ambiental, no es un componente de las agendas de los gobiernos, sino que atraviesa, como nuestro río a su valle, la agenda misma. No hay rumbo de futuro, no hay vida sostenible, si destruimos la nave común, es impostergable actuar.

El ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Carlos Eduardo Correa, más Monteriano que el exótico girasol y hasta que el vernáculo mote de queso, de seguro ya se dio cuenta de la reacción de la comunidad frente al tupido de girasoles que aviva a la “Villa Soñada”, ahora sólo esperamos que este impacto tenga algún efecto en su gestión, para que Montería, vuelva a ser eso que describió aquel poeta embrujado por este hermoso valle, ¡un jardín, atravesado por un rayo! Si esto ocurre, no cabe duda, que el Girasol será una flor milagrosa, la lucha de Nohemí no habría sido en vano y los descendientes de los hijos del valle del sol, les recordaríamos por siempre como, ¡EL EFECTO GIRASOL!.

 

por: Francisco Martínez Guerra

Sala de Redacción

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